Hoy hemos subido con varios visitantes al C.E.A. Los Llanillos, con motivo del Día Mundial de la Educación Ambiental. Se trata de una de las excursiones gratuitas que organizamos cada año en colaboración con el Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial.

El paisaje nevado con el que han amanecido los montes de San Lorenzo de El Escorial ha animado al grupo de invitados, que afrontaron la ascensión con gran coraje, pese a las bajas temperaturas.




Tras la llegada a Los Llanillos, ofrecimos a los asistentes un café caliente y, acto seguido, comenzamos con la proyección y diapositivas y el taller de reciclaje.


Durante la charla pudimos debatir sobre la problemática de los envases y la acumulación desorbitada de plásticos de un solo uso en nuestras compras. Había muchas dudas entre los asistentes sobre cómo realizar una correcta caracterización de los residuos en casa. Además de explicárselo, les orientamos con algunos consejos para «desplastificar» poco a poco nuestras vidas. Y hablando de plásticos…

Esta fotografía de Lakshitha Karunarathna (Wildlife Photographer of the Year) debería congelar la sangre en las venas de nuestra civilización: Un elefante asiático, avanza con paso lento y pesado entre montañas de plástico, en un vertedero de Ampara, en Sri Lanka. Su trompa, evolucionada durante millones de años para arrancar las ramas más tiernas, ahora hurga entre plásticos desgarrados, residuos orgánicos en descomposición y los restos cegadores de nuestro consumo desenfrenado. Esta no es una fotografía de vida salvaje; es una acusación visual directa, la postal definitiva de nuestra era, un retrato de la majestuosidad destrozada por la basura de nuestro progreso. Esta fotografía nos interpela moralmente. Nos obliga a ver el rostro individual del sufrimiento que causan nuestros sistemas de producción y desecho globalizados. La soledad de este elefante es el espejo de nuestra desconexión, el reflejo de nuestra incapacidad para gestionar los subproductos de nuestro modo de vida.

Pero no hace falta viajar a Sri Lanka para ver cómo se elevan las montañas de plásticos en los vertederos cada día. Aquí, en España, en nuestras costas, llegan cada día cantidades ingentes de plásticos y microplásticos arrastrados por el oleaje. Da igual la playa que sea, en todas ellas aparecen, ya sea en el Cantábrico, en el Atlántico o en el Mediterráneo.

El panorama es espantoso. Sin embargo, todavía hay espacio para la acción y la esperanza. La clave está en entender que proteger la biodiversidad no es un lujo conservacionista, sino una necesidad para el equilibrio ecológico y el bienestar de las propias comunidades humanas que comparten el paisaje.
Compartimos estas imágenes como una llamada urgente a la conciencia y a la responsabilidad. Es la evidencia visual que nos reta a preguntarnos: ¿qué mundo estamos dejando a las generaciones futuras? Es necesario y urgente un cambio radical en nuestro consumo y en la gestión de nuestros residuos, porque estamos perdiendo el rumbo de nuestra propia humanidad y del alma del planeta.





