ACTIVIDADES EDUCATIVAS EN DEFENSA DEL MEDIO AMBIENTE

Aula de Naturaleza Graellsia

Los Jabalíes en el punto de mira, esta vez por la crisis de la peste porcina.


Peste porcina Jabalíes

Una vez más tenemos que lamentar que la prensa y las redes sociales se inunden de desinformación con respecto a la peste porcina africana que se detectó recientemente en Cataluña. Ante la proliferación de discursos que presentan al jabalí como principal responsable de la crisis, nos vemos obligados a aplicar un enfoque más científico de lo que está ocurriendo, una mirada ecosistémica que tenga en cuenta las interacciones entre fauna silvestre y actividad humana. Como ya hemos explicado en numerosas ocasiones, el jabalí es una especie imprescindible para los ecosistemas. Pero, por desgracia, es un animal injustamente tratado por la sociedad como consecuencia de las innumerables mentiras que se vierten sobre él.

El problema que existe con los jabalíes reside en la nefasta gestión de sus poblaciones, una gestión que ya no realiza el lobo, su principal depredador natural, sino que la lleva ejerciendo durante décadas el sector cinegético, sin ningún tipo de criterio científico. Recordemos que el lobo ejerce un papel crucial en el control de las poblaciones del jabalí, ayudando a frenar la propagación de cualquier tipo de enfermedad entre individuos. Pero con el lobo fuera de la ecuación, las medidas de control de población de jabalíes se basan exclusivamente en incrementar la presión cinegética sobre la especie, aunque los datos son tozudos y demuestran una y otra vez que el incremento exponencial en el número de batidas no consigue detener el aumento de la población de jabalíes. 

El aumento en la población de jabalíes se debe a varias razones: A la inexistencia de depredadores naturales como el lobo, a los mecanismos de respuesta de la propia especie frente a la presión cinegética, a su gran adaptabilidad, a los cambios drásticos en su hábitat, a su omnivorismo y la gran disponibilidad de alimento. Lo que resulta sorprendente es que, en medio de este panorama, se siga permitiendo que se críen y se suelten jabalíes en granjas en cotos de caza intensiva, algunas de las cuales no solo son vectores de enfermedades, sino que provocan daños que luego se pagan con los impuestos de todos.

El nuevo brote de peste porcina africana detectado en los cadáveres de varios jabalíes en el Parque Natural de la Serra de Collserola (Barcelona), como era de esperar, ha hecho saltar la alarma sanitaria en nuestro país. Esta enfermedad, que llevaba 30 años erradicada en España, puso en jaque a la industria porcina durante la década de los ochenta. Aunque no es peligrosa para los humanos, es mortal para jabalíes y cerdos.

Fuente. EFE Agro.

El responsable de esta enfermedad hemorrágica que afecta sólo a cerdos y jabalíes, es un virus extremadamente contagioso. Jabalíes y cerdos domésticos carecen de resistencia genética frente a la peste porcina africana al no haber coevolucionado con el virus, por lo que la enfermedad les resulta letal, con una mortalidad prácticamente del 100%. Y los humanos hemos globalizado el consumo de cerdos sin resistencia genética a este virus. Todavía no tenemos claro cómo ha podido llegar este virus a nuestro país, pero lo que está claro es que este brote evidencia el fracaso de un modelo alimentario basado en la dependencia de los animales y en su macro-explotación, lo que constituye el verdadero motor de propagación de la enfermedad.

Insistimos en recordar que los jabalíes son animales autóctonos que forman parte legítima de su hábitat, y por tanto merecen ser tratados con respeto. La investigación científica ha demostrado que la gestión de sus poblaciones basada en batidas no ha servido para nada, y es más: En estas circunstancias podría incluso favorecer la dispersión del virus debido a la alteración social de los grupos de jabalíes y su consiguiente desplazamiento. Rechazamos la narrativa que intenta reducirlo todo a “matar más jabalíes” y exigimos a las administraciones más rigor científico, más transparencia y más responsabilidad. Es un gravísimo error recurrir (y premiar) al sector cinegético para gestionar esta crisis, las consecuencias podrían ser catastróficas, tanto para el sector porcino como para la fauna salvaje.

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