ACTIVIDADES EDUCATIVAS EN DEFENSA DEL MEDIO AMBIENTE

Aula de Naturaleza Graellsia

El tren de borrascas es consecuencia directa del Cambio Climático


Lo que estamos viviendo este invierno no es un hecho aislado, ni un capricho de la naturaleza. No es una anomalía pasajera, ni una mala racha meteorológica. Es una consecuencia directa del calentamiento global, la factura climática que tenemos que pagar por nuestra irresponsabilidad.

En lo que llevamos del 2026, han azotado Estaña siete borrascas de gran impacto, encadenas una tras otra: Francis, Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Leonardo y Marta. Pese a las importantes nevadas que han dejado tras su paso, lo verdaderamente extraordinario han sido las lluvias y las inundaciones que han ocasionado, especialmente en Andalucía. Sin embargo, por extraño que parezca, en este invierno todavía no hemos tenido una ola de frío. La última vez que tuvimos una ola de frío en la península fue hace tres años, entre el 28 de febrero y el 2 de marzo de 2023, es decir, llevamos tres años consecutivos sin sufrir olas de frío en España, algo insólito de lo que no tenemos precedentes. Para que haya una ola de frío tienen que darse unas condiciones muy determinadas: Que durante tres días o más, al menos el 10% de las estaciones meteorológicas de la AEMET registren temperaturas mínimas por debajo del percentil 5 de su serie de enero y febrero, entre los años 1971 y 2000. Estos criterios no se han cumplido hasta ahora (veremos a ver en lo que queda de invierno). 

Vamos con los datos:

La Agencia Estatal de Meteorología ha confirmado que enero de 2026 ha sido el segundo mes más lluvioso del siglo XXI, con 119,3 litros por metro cuadrado, solo por detrás de enero de 2001 (131,5 l/m²). Un 85 % más que la media 1991-2020. Y además, ha sido el séptimo mes de enero más húmedo desde 1961.

Según los datos aportados por Carlos Agudo (Quiosco Fuente del Seminario), extraídos de su estación meteorológica, la temperatura media mensual en San Lorenzo de El Escorial ha sido de 6,4ºc frente a los 5,5ºc históricos de enero, con una máxima  de 12,7ºc y una mínima de menos 2,7ªc, con 7 días de helada. La humedad ha sido muy alta por los días de nieblas y precipitaciones. 22 días con precipitación de los cuales 19 de lluvia y 3 de nieve, hacen un total de 135,6 l/m2 en contraste con los 83,2 l/m2 de media histórica.

Con los datos de los que disponemos a día de hoy, 8 de febrero de 2026, lo que sí podemos asegurar es que existe una tendencia clara a que las olas de frío en la península ibérica están disminuyendo, tanto en intensidad como en duración. Esto tiene sentido al ver cómo han ido calentándose los inviernos a lo largo de las últimas décadas. Mientras disminuyen las olas de frío durante los inviernos, aumentan las olas de calor durante los veranos (olas de calor que no se han perdido ni un solo año desde el 2015). En un clima sin alteraciones, ambas circunstancias deberían estar equilibradas.

Las cifras importan porque desmienten el relato de la excepcionalidad: No es retórica, es Física. El caos climático está garantizado en un planeta que vierte cada año millones de toneladas de CO2 (la concentración de dióxido de carbono supera ya las 420 ppm, un valor sin precedentes en los últimos dos millones de años). Un planeta más cálido hace más violentas las tormentas. La atmósfera caliente retiene más vapor de agua y libera esa energía cuando se dan las condiciones. Esta cadena de borrascas que estamos sufriendo en España no es una anomalía: Es la nueva normalidad de un sistema que está forzado al máximo.

Los principales organismos meteorológicos mundiales han confirmado lo que los modelos numéricos vienen anticipando desde hace días: El hemisferio norte se enfrenta a un evento inminente y significativo de calentamiento estratosférico súbito. Este fenómeno, caracterizado por un aumento drástico de las temperaturas en la estratosfera y el colapso del vórtice polar, tiene el potencial de alterar radicalmente los patrones meteorológicos en Europa, Norteamérica y Asia.

El colapso del vórtice polar, cada vez más cerca.

El vórtice polar es un anillo de vientos que rodea los polos en invierno. Se mueve muy rápido. Cuando se debilita, su contención de aire frío falla y lo derrama hacia el sur, perturbando el clima en todo el hemisferio norte. Ahora mismo, modelos de alta resolución muestran que el vórtice polar se está deformando y podría partirse en dos. La presión y la temperatura están subiendo en la estratosfera, a más de 30 km sobre la superficie. Este calentamiento está empujando contra la estructura del vórtice. Lo que pasa allá arriba importa aquí abajo. Después de eventos como este, el aire frío a menudo se dispersa en el este de Estados Unidos y en las profundidades de Europa. 

A lo largo del mes de enero han caído diez nevadas sobre Los Llanillos, algo insólito.

Y frente a los datos y las evidencias científicas. tenemos que lidiar una vez más con los negacionistas del cambio climático, que cuestionan la labor de meteorólogos y divulgadores científicos, atacándolos de manera sistemática en las redes sociales con insultos, comentarios de odio e incluso amenazas de muerte, un acoso que ha puesto en alerta al Ministerio de Transición Ecológica, denunciando este acoso ante la Fiscalía. Desde aquí, toda nuestra solidaridad con la comunidad científica que sufre a diario los ataques de un negacionismo que promueve la desinformación, debilita la confianza en las instituciones, frena la acción climática y perpetúa la polarización social, poniendo en riesgo la salud pública y el medio ambiente.

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